Perder a una mascota
Hace unos días murió Kala, mi perra chihuahua de 9 años, y confieso que estoy de duelo y con el corazón roto. Apenas tenía unos cuatro meses de nacida cuando me la dieron, todo inició meses antes, cuando una vecina me pidió a mi perro chihuahua, Willy, para que se cruzara con su perra. Accedí a tal petición y estuvieron juntos alrededor de dos horas y al final tuvieron ocho hijos, entre los que se encontraba Kala.
El primer día la presenté con su papá y se toleraron. Al llegar la hora de dormir empezó a llorar, de seguro extrañaba su anterior casa y su familia, pero le dije que no se preocupara, que se iba a dormir conmigo y así fue desde entonces, hace 9 años y unos meses dormimos en la misma cama, a excepción de algunos días y fue la compañía más preciosa que pude tener. Soportaba mis insomnios, mis malas costumbres nocturnas, ella solo se acostaba, con cobija o sin cobija encima, dependiendo del tiempo que hiciera, y se dormía.
Tenía una cara preciosa, con forma de venado, sus colores eran negro, blanco y beige. Caminaba con sabor, moviendo su colita, no era muy sociable con otros perros ni mucho con otros seres humanos aparte de su familia. Mordió a dos que tres personas, despanzurraba sus juguetes sacándoles el relleno, te lamía después de comer y comía muy bien, le gustaba mucho el pollito. Y podría contar muchas cosas más sobre ella porque era una perrita entrañable, me hacía reír, jugábamos, se emocionaba cuando me veía. La amaba, o mejor dicho la amo a pesar de que ya no está conmigo y extraño mucho su olor, en especial el de su cuello...
Cuando te dan las cenizas con tu mascota, en una cajita o en una urna con forma de corazón con unas patitas como yo la pedí, te dan una especie de certificado en el que aparecen las señas de tu mascota, nombre, edad, fecha y una frase conmemorativa en la que se agradece a la mascota por su fiel compañía. Pero desde días antes le había dicho que le agradecía por su hermosa presencia, también le pedí perdón por diversas causas y también la perdonaba a ella por otras cosas (cosas menores). La verdad es que desde principios de año pensaba en cuánto tiempo más estaría conmigo porque tenía un tumor en su columna vertebral, un tumor que ya le habían extirpado dos veces pero que aún así no cedía, ni cedió a pesar de su terapia quimioterapéutica. Y a pesar de que ya me había hecho a la idea me dolió porque una nunca está preparada para la muerte de un ser querido aunque sepas que ya no se encuentra tan bien de salud.
Aquí un poema que explica mi sentir:
Mientras estás a mi lado
Para Kala con mi amor, para Kala, mi amor
Duermes.
Me acerco y beso tu cuello,
tapizado de un vello fino
donde asoman las primeras canas,
ligeras como plumas de un ave que despierta,
suaves como terciopelo recién nacido.
Tu cuerpo responde apenas:
un leve temblor, un trago,
tal vez gratitud, tal vez un sueño dulce.
Abres los ojos solo un instante,
suspiras como lo haría
una criatura dulce, hecha de calma.
Eres tierna conmigo,
fiera con el mundo.
Eres una perra en todos los sentidos,
y yo te quiero así:
salvaje y leal, libre y mía.
Mientras tú duermes,
yo me lleno del calor de tu cuerpo,
del peso que me ancla
a este instante breve.
Tu presencia me basta.
A tu lado sueño.
A tu lado descanso.
A tu lado me consuelo.
En tu pelaje susurra el infinito.
Tu aroma—una mezcla de tierra, sol y vida—
me purifica sin decir palabra.
Me derrito en los recuerdos
de cuando estabas cerca,
como ahora.
Como siempre que cierro los ojos
y te pienso.

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